Miguel Alemán, narrativa de una posada entre machetes

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Por Carlos ROMERO

Hace unos días acudí como un organizador de los muchos que hay, como parte del STAFF, a la posada que año con año realiza Anselmo Ayala Corral a los niños más pobres del poblado Miguel Alemán. Se llevó a cabo, en el «área verde» de la invasión Las Palmas; solo hay un acceso, es muy difícil entrar, pero es más difícil salir.

La inseguridad, prohijada por lustros, le ha robado las garantías a la niñez y la tranquilidad a las familias de esas parte de la ciudad.

De día, es una zona de peligro y de noche es mejor no ir.

Este año, la posada para los niños carentes del poblado Miguel Alemán, se llevó en dos pistas, en un mismo escenario pero con imágenes totalmente distintas entre sí.

Por un lado, cientos de niños regocijándose con el show de los payasos y comiendo a puños el pastel y los dulces… y por otro lado un grupo de chamacos que no pasaban los 13 años, guiados por un malandrín local de cuyo nombre no me acuerdo, agarrados en un pleito con machete en mano contra una banda rival, disputándose la droga, el alcohol, los nombres, el territorio.

Donde debiera reinar la paz y la armonía, era controlado por la zozobra de saber que a metros de distancia se estaban disputando dos bandas rivales y el peligro que implicaba para el festejo era inminente.

Lo más triste es que esos niños que fueron felices en la posada hace 2 años, son los mismos que tiraban piedras y se trenzaban a golpes y machetazos este diciembre.

La Policía actuó rápido para disipar y mantener a raya el peligro, pero ya nada salió igual.

Sin embargo los niños que querían fiesta eran la mayoría, ni se enteraron de que a unos metros se estaba escribiendo una historia distinta de odios irracionales y grescas sin sentido.

Las condiciones para ellos cambian un solo día, el día de la posada en que Anselmo Ayala, Silvia Alvarez, Ernesto Acosta, todo su equipo, y usted, por supuesto, llevan piñatas, juguetes, pastel y dulces para 2 mil personas.

Pero el resto de sus días siguen durmiendo en el piso de tierra, enfermándose de diarrea, de gripa, infecciones en la piel, picaduras de animales ponzoñosos, enfermedades venéreas, pancreatitis, diabetes, hepatitis …. y una larga lista de etcéteras; enfermedades que en los tiempos modernos parecieran ya no existir, ahí se encuentran.

Lo bueno es que la esperanza no se pierde, aquel es un evento para miles de personas para el que siempre sale «de aquí y de allá» el apoyo.

Este año se montó un gran templete; en ese escenario y con ese sonido han cantado Los Invasores de Nuevo León.

El esfuerzo no fue en vano; más de 2000 personas disfrutaron la música navideña y el espectáculo que lograron los payasitos y los superhéroes encabezados por Batman y Spiderman.

Esta vez la posada fue distinta porque fue para mucha más gente, más niños; ahora hubo 30 pasteles, no 15 como el año pasado.

Hubo también 30 piñatas, todas donadas generosamente por gente como usted, que quiso compartir lo que tiene con los que no tienen nada.

Muchos de nuestros hijos son afortunados porque lo tienen todo, aún sin pedir nada; y … ¿qué es todo?, alimento, vestido, calzado, techo, escuela, protección, cariño; juguetes y dulces en Navidad.

Estos niños no tienen nada de eso y si lo tienen es por la caridad pública. Los premios no son un viaje, sino un plato de comida caliente y no siempre.

Poca gente alcanza a dimensionar la importancia de lo que hace el desayunador de Anselmo Ayala Corral, dando alimento a 200 niños diariamente, en tiempo de frío o calor, en Semana Santa, en días de escuela y en vacaciones.

Y nunca son los mismos niños, diariamente cambian de menú y diariamente cambian de comensales.

Las mujeres devotas de la Iglesia en el poblado Miguel Alemán, ayudan en la cocina y en diciembre para la posada, sus hijos son quienes jalan la piñata para que los niños la quiebren y parten el pastel que se lleva desde Hermosillo, y reparten los juguetes que usted donó.

Este año fue especial no solo porque el número de niños superó todas las expectativas, sino porque en el último momento el STAFF contaba solo con 30% de la meta los juguetes que se iban a entregar.

Era un gran reto conseguir 1800 juguetes que faltaban para el día siguiente.

Providencialmente, porque no hay otra explicación, sonó el teléfono y era un benefactor que quería donar los 1800 juguetes que faltaban.. los rezos  habían funcionado.

La zona afectada es tan grande que pocos programas de gobierno alcanzarían para mejorar su vivienda, ponerles piso de cemento o darles alimento garantizado.

Pocos han visto esa realidad porque para allá no entran los camiones; las calles están sumamente afectadas por las lluvias; en muchas viviendas aún se roban la luz con «diablitos» desde los postes de la CFE.

La salud de esos niños pende de un hilo; en aparente deshidratación, con la piel reseca, los pies ajados por la tierra y el pelo hecho un desastre por la falta de aseo, es la desatención de parte de sus padres, la falta de cuidado y el desgano de quienes están a cargo de ellos lo más hiriente.

Muchos de ellos, no sé cuantos y nadie sabe, no van a la escuela; en esa parte del Miguel Alemán no tiene un censo, no podría tenerlo porque la población crece diariamente con personas que llegan del Sur, del Norte o de aquí mismo en busca de trabajo. El problema es la falta de una paternidad responsable que provoca un «hervidero» de niños que nadie puede cuidar ni alimentar.

Este año, la posada fue distinta porque conocimos a Raymundo, un joven de 15 años que anda en silla de ruedas pero que a pesar de las dificultades, no se amilana ante las adversidades y así en silla de ruedas, anduvo en el piso de tierra.

Este año fue distinto porque cinco personas que son artistas profesionales donaron su tiempo y su talento para divertir a esos 2000 niños; se vistieron de superhéroes y princesas y se apoderaron de la atención de todas esas pequeñas personitas que apenas están en formación y que necesitan un poco de diversión sana, alejada por unos momentos de las drogas, la violencia intrafamiliar y toda esa realidad que ya les es muy normal.

Este año fue diferente porque conocimos a Miguel, un niño que se divierte solo con los restos de una piñata, pateándola, tirándola. Y es que por ser muy chiquito de talla, no se formó en la fila.

Este año fue distinto porque las filas para recoger una pelota o un carrito, eran enormes, parecía una labor interminable darles a todos pero sí se pudo.

Este año fue distinto porque por primera vez la gente echó al fogón las preocupaciones y fueron felices.

Este año fue distinto porque conocimos a Josué, un niño en carreola que desayuna churros, duros, papitas, cosas que no le alimentan y que muy probablemente sea uno de muchos niños con desnutrición que no están registrados.

No sabemos cuántos regalos y días como ése, cuántos pasteles y bolsas de dulces se necesitan para cambiarles un día a esas personas, lo que sí se sabe es que ese día nadie se quedó con las manos vacías.

Felicidades por eso y gracias a las decenas de personas que participaron en ello.