VACACIONES

Las Vegas, entre el lujo y el exceso.

CRONICA.

Por Carlos ROMERO

Quien nunca ha ido a Las Vegas, sentirá que estoy exagerando, pero quien sí haya ido, dirá que me quedé corto.

Enclavada en el centro del desierto Mojave, cubierta por una densa nube de polvo café que solo se distingue desde lejos, pues de cerca la majestuosidad de su belleza impide verle defecto alguno, Las Vegas es una ciudad donde se unen todas las culturas y las razas, y donde todos los excesos son permitidos.

Es una ciudad donde las grandes estrellas de la música mundial pelean hasta el más pequeño escenario para presentarse.

Las Vegas y Las Vegas Vieja son son la misma ciudad, pero se mantienen alejadas en costumbres, colores, olores y sabores, sin embargo coexisten porque en una haces lo que en la otra, nunca te atreverías.

Las Vegas es el hoyo negro más luminoso del Universo. Quien entra, es atraído por una fuerza extraña que lo conduce de un hotel a otro, de un bar a otro, de un table dance a otro, de un exceso a otro.

Las Vegas es tan libre como el olor a mariguana quemándose en una pipa de vidrio; la prostitución se ofrece libremente en las esquinas. Bailarinas exóticas se muestran en las calles solo ataviadas con con tres prendas que cubren mínimamente su, en algunos casos   exuberante anatomía.

En el Bulevar Las Vegas, que atraviesa toda la ciudad, rugen furiosos los motores de los Lamborghini, los Ferrari, los Camaro, los Bugatti, millones de dólares sobre ruedas, y hay que presumirlos.

En Las Vegas está el restaurante más caro del mundo. Está el auto más caro del mundo y hasta algunos de los hoteles más caros del mundo.

Aunque es la ciudad con más casinos en el mundo, aquí difícilmente la ludopatía puede sobrevivir sin una cuenta bancaria con muchos ceros.

Lo que pasa en Las Vegas, es imposible que se quede en Las Vegas, porque es demasiado grandioso como para no contarlo.

Las Vegas es una ciudad común y corriente, llena de cosas extraordinarias.

De día, se pueden tomar las mejores fotografías que reflejen cada detalle de la arquitectura de sus hoteles y demás edificios.

Los diseñadores más exclusivos de ropa y joyas, tienen sus mejores tiendas en Las Vegas; Tiffany, La Coste, Prada, Chanel, son tan lujosas que parecería que cobran por entrar a echar un ojo.

Llegar a Las Vegas parece un viaje sin fin si se va desde Sonora; hay que cruzar todo el estado de Arizona que si bien es tiene muchas zonas áridas, el paisaje, la fabulosa presa Hoover, el Gran Cañón y las carreteras de primer mundo, hacen pasaderos los cientos de millas en auto.

Ya no hay avión desde Hermosillo. Si se quiere volar, se tiene que hacer desde Tucson. El aeropuerto de Las Vegas quedó en una zona sumamente poblada porque esa ciudad no para de crecer.

La ciudad de los casinos, empieza con un anuncio de “Wellcome to Fabulouse Las Vegas”, a unos metros del Mandalay Bay, en cuya explanada, Stephen Paddock masacró a centenas de personas que se divertían en un baile de música country.

Pasos más adelante se encuentra una pista de pruebas de Nascar, donde rugen impetuosos los motores y rechinan las llantas de esos autos valuados en millones de dólares, y que competirán en los autódromos más exclusivos del mundo.

De día, cada detalle es sorprendente. Como los hoteles son temáticos, entrar en cada uno de ellos es sumergirse en viaje fabuloso en diferentes partes del mundo, en épocas separadas por siglos, con solo caminar unos metros.

Se dice que en Las Vegas se puede conseguir cerveza donde sea, y así es; uno puede comprar una lata o cientos de cualquier marca, de cualquier parte del mundo, con solo entrar a una farmacia, o al equivalente de “la tienda de la esquina”.

No hay contexto racial; en las calles camina codo a codo gente de todos los países con todos los idiomas.

Es imposible saber dónde viven todas esas personas que en las calles están vestidas y maquilladas como Elvis Presley, el Rey del Rock, y como Marilyn. Parecen sacados de un museo de cera, pero en realidad son sujetos que quizá de día trabajan en un supermercado o se dedican a la mecánica, o simplemente son amas de casa que de noche se visten como la famosa Cher, para cobrar por tomarse una fotografía, pero de día se dedican a su familia.

No lo sé, son de esas cosas que resultan un enigma en Las Vegas.

Para las 12 del día, el calor nunca presagia el frío de la noche que aparece como un ladrón.

Los hoteles son un lujo aparte, llenos de glamour y clase, al que todos tienen acceso con solo caminar entre los pasillos; el Caesars Palace es igual a sumergirse en un paseo por el siglo I Antes de Cristo. La estatua del emperador romano Julio César se yergue en la entrada; es una figura de mármol, sí, pero representa a alguien que murió 44 años antes de que el tiempo volviera a empezar.

La alberca del Caesars Palace es otro boleto. Los camastros están al rededor de una tina cubierta de mármol, con una cúpula y una bar a media piscina. Todo muy al estilo antiguo.

Reservando con tiempo, todo ese lujo podría resultar hasta barato hablando en dólares.

Pero nada o casi nada se compara con las fuentes danzantes del hotel Belagio, un gigante color crema con suites de lujo que se acomoda al gusto el paseante cuando de noche, se alzan sus aguas iluminadas.

Los techos, pintados con murales emulan a las piezas de los grandes artistas plásticos de le era moderna.

En el Luxor, el lujo es implacable; tiene la forma de la pirámide egipcia, donde yacen los restos del faraón Tutankamon, que reinó hasta el año 1375 antes de Cristo. Como todos los hoteles tienen casino, el Luxor podría quedarse atrás en los detalles. Las paredes y la alfombra, bordada finamente con jeroglíficos interminables, hace que la sensación sea de otro mundo.

Te sientas en una máquina a jugar unos dólares y en segundos tienes una mesera ofreciéndote una copa.

Existe el mito de que en los techos hay unos sistemas de ventilación a base de oxígeno filtrado que permite beber alcohol sin que el organismo lo resienta. No lo sé, quizá sea cierto o no. Un hecho es que se te ofrecen lo mejor que hay sobre el planeta.

La iluminación color azul rey adorna los 4 ó cinco bares visibles con los que cuenta.

Pero sin duda su mayor atractivo es el cañón de luz que surca los cielos de Las Vegas y se mira hasta el espacio exterior.

Resulta un espectáculo imperdible. Al fondo, en un piano suena “Hotel California”, que casualmente, no está en Las Vegas, sino en Todos Santos, Baja California Sur.

A lo lejos, en una gigantesca pantalla led de alta definición en la banqueta del Caesars Palace, se anuncia a Sir Elton John, que cantará todos sus éxitos a finales de año.

En el MGM se anuncia a todo lujo al mayor ilusionista de la actualidad, David Copperfield, quien tiene una temporada permanente en la ciudad y como en los viejos tiempos, en sus actos sigue desapareciendo autos, edificios, personas.

Antes, en el MGM Grand había leones y tigres de bengala en exhibición para el público, actualmente se encuentra en remodelación, por lo que sus restaurantes están cerrados.

Hoy ahí se llevan a cabo las peleas de box con mayores bolsas del orbe; el color verde esmeralda de su fachada, hace que el MGM luzca hermoso.

El Paris, el Venecia y el New York, New York, son una oda al diseño y la creación.

Hasta el último piso del Paris, con la forma de la torre Eiffel, un restaurante giratorio muestra todo Las Vegas, incluso los detalles más pequeños.

Dicen que un plato en ese lugar llega a costar hasta 500 dólares, y les juro que hay quién los pague.

El Paris tiene toda la clase francesa y desde luego se muestran las marcas de perfumes más exclusivos de la capital gala.

Caída la noche, la iluminación por fuera del Paris es de otro mundo. Miles de personas pasan por esas banquetas diariamente tomándose selfies en todas las posiciones.

El New York, New York es un hotel formado por una serie de edificios con diseño original del centro de Manhattan.

Hasta el frente, la estatua de la Libertad, en color verde aqua, desde luego sin una sola falla y atrás los edificios que albergan las habitaciones del hotel, son réplicas exactas del Empire State, el edificio Chrysler y el Madison Square Garden.

En el hotel Venecia, hay una red de canales donde navegan góndolas de verdad, que hacen viajes para los turistas. Afuera puede ser de noche o un día con radiante sol, pero dentro del Venecia el techo es una pantalla con un terso atardecer en Italia.

El agua es muy limpia y transparente, permite ver en el piso las monedas que la gente lanza desde los puentes que conectan a las copias exactas de las 115 islas, entre las que se encuentran Murano y Burano; aunque dentro del hotel Venecia no hay 450 puentes, como en la ciudad, sí se puede ver lo magno del centro histórico de esas ciudad, que es considerado Patrimonio de la Humanidad, por parte de la UNESCO.

En las calles, entre el gentío se abren paso los ambientalistas que reclaman a los hoteleros por tener en exhibición delfines y otros grandes mamíferos solo para beneplácito de sus huéspedes.

El hotel Trump allá solo, como su dueño, todavía parecen escucharse traídas por el viento, las mentadas de madre provenientes de todo el mundo. Y es que hay que reconocerle al presidente de Estados Unidos que tuvo la capacidad de unir a muchas naciones, en su contra pero las unió.

El Cosmopólitan es uno de los hoteles más lujosos y sin duda, es el edificio con mayor altura y majestuosidad de Las Vegas; en sus diversos auditorios se presentan famosos artistas; los pisos tienen detalles de diseño que resultan un ensueño para sus clientes.

En Las Vegas se presentan de manera permanente, 4 espectáculos del Cirque Du Soleil, “Aqua”, que de desarrolla entre actividades acuáticas; el “Ka”; el “One”, que relata la vida y obra del Rey del Pop, Michael Jackson, pero lo hace magistralmente; y el “Zumannity”, que es una relatoría circense de la sexualidad humana.

Hay quienes dicen que los hoteles más lujosos y caros de Las Vegas son el Win y el Encore, parecen dos gemelos que se yerguen en el desierto, dos portentos a la modernidad.

Al llegar a Las Vegas, el edificio que se ve de más lejos es el “Estratosfera”, una columna vertical que cuenta con hotel y su punto más alto se usa como un mirador fabuloso.

Sin embargo, nadie puede decir que conoció las Vegas si no va a la parte vieja, esa donde los casinos “4 Queens” y “Fremont” eran la sensación en los viejos filmes en los que las estrellas Robert de Niro, Al Pacino, Sharon Stone, aparecen en forma de personajes estridentes en “Casino” y “El Padrino”.

Algunas de las películas con más inversión de la historia y que han marcado una clara línea en el cine mundial, se han filmado en Las Vegas.

Las calles del “DownTown” de Las Vegas son un viaje al pasado que no deja de brillar.

Las interminarbles series de luces en el hotel “Plaza”, en el “Circus Circus”, son un fascinante viaje el pasado que se resiste a morir.

Si la prostitución se vende en público, la pornografía se regala.

Un adulto tiene acceso a lo que le dé la gana y con unos dólares lo consigue. Todo lo que se ve en Vegas Vieja, hace que La Zona Rosa en la ciudad de México parezca un juego de niños.

En Las Vegas hay lo que quieras comer, lo que quieras beber, lo que quieras fumar. Es una ciudad con tanta libertad como te lo permita tu presupuesto.

Los artistas que están en lista de espera para presentarse en esta ciudad son Mariah Carey, en el Caesar Palace; Bee Gees y Boyz II Man, en el Cosmopolitan, Ricky Martin y Bruno Mars, en el Park Theater, del hotel Montecarlo, y para cerrar con broche de oro, Celine Dion en el Mandalay y Britney Spears en el MGM.

Echense ese trompo a la uña.

Las Vegas es el hoyo negro más luminoso del universo, donde quien transita es abducido por una fuerza extraña que no tiene origen ni destino; es fácil perderse en Las Vegas, por ello, es necesario acompañarse con gente que te haga mantener los pies en la  tierra.

Lo que pasa en Las Vegas, nunca, por ningún motivo, bajo ninguna circunstancia se queda en Las Vegas.

*Soy Carlos Romero, reportero con 25 años de trayectoria, que visitó por vez primera Las Vegas, a sus 44 años de edad.

 

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