“Tornado” Sánchez, la última campanada

Texto y fotos: Carlos Romero. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Crónica

Por Carlos ROMERO

Dos estrellas fugaces se han ido. Tan rápido como empezaron a brillar, así se apagaron. David y Jonathan Sánchez Cantú, dos alegres jovencitos que vieron la primera luz en las empolvadas calles de Miguel Alemán, fueron víctimas de una mala jugada del destino.

El Tornado ya había probado las mieles del éxito; aunque su paso por el campeonato mundial fue fugaz, fue el único que le dio a Hermosillo la gloria en el deporte de los puños al ganar el campeonato supermosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).

Y tenía muchos planes. Su capacidad como pugilista era notable, los promotores se lo peleaban; también los patrocinadores.

Desde niño fue muy trabajador y acomedido; entrenaba en un patio de tierra, como se hacen los grandes campeones, desde abajo y con muchas dificultades, pero salió adelante.

Despachó por la vía del cloroformo a muchos de sus rivales; pero el viernes muy de madrugada le sonó la última campanada.

Venían contentos de Hermosillo a La Costa; El Tornado y Jonathan, eran dos muchachos disciplinados. Quizá podían desvelarse, pero siempre llegaban a tiempo a su entrenamiento.

El sábado no fue un día de fiesta en La Costa. Fue un día que vistió de luto al deporte local y nacional.

El sábado perdimos todos por decisión unánime.

El boxeo perdió a dos exponentes de muy buena talla que pintaban para llegar muy lejos.

Pero sus padres perdieron a los dos seres que más amaban; sus dos hijos a quienes ellos seguramente seguían viendo como niños.

Luego, los dos pequeños hijos de El Tornado perdieron a su guía y sustento.

Su esposa perdió al hombre con el que había decidido pasar el resto de su vida.

Sus hermanos perdieron a su ejemplo, a su compañero y líder. Sus amigos perdieron al cómplice ideal, alguien que los escucha y aconseja en ese mundo donde la competencia depende de tener la cabeza fría y los puños ardiendo.

Ese viernes muy de mañana el auto donde viajan El Tornado y Jonathan no quiso dejar testigos. Se sabe que dentro de los fierros retorcidos en que se convirtió el Ford Fusion Modelo 2015, solo quedó intacta una imagen del Papa Francisco que ellos llevaban.

Un mensaje, quizá, de consuelo para sus padres y hermanos.

Los costeños despidieron a estas jóvenes promesas del deporte entre mucho llanto, mucha música y muchos aplausos.

El Creador, que es el réferi supremo, decidió pararles la pelea cuando en la vida sus rounds iban iniciando.

Los que se dieron cita a despedirlos por última vez, fueron testigos de cómo los quiere la gente y cómo los van a extrañar.

Entre sus amigos se contaban deportistas, artistas, representantes, políticos de todos los partidos, periodistas, pero sobre todo, su público, que pelea a pelea rogaba por ellos.

Los velaron en su casa; es una costumbre muy de La Costa; las funerarias no se usan, solo prestaron el servicio auxiliar para preparación de los cadáveres.

Pero como El Tornado y Jonatan eran demasiado grandes para ser velados en la frialdad de una funeraria, su casa materna recibió a miles y miles de personas que los quisieron en vida y los extrañarán ahora que se adelantaron en el camino.

Murieron dos boxeadores y nacieron dos leyendas.

Algo pasa con las estrellas del box que tienen un  final así, como quizá usted recuerde murió el también campeón Salvador Sánchez, que falleció en 1982, a los 23 años de edad, en un accidente carretero.

Sus féretros fueron llevados por las calles del poblado, donde miles de costeños salieron a despedirlos.

Al “Tornado” y a Jonathan les dieron su último adiós  con una misa, una desgarradora misa, donde sus seguidores llenaron hasta el techo la iglesia.

Sus amigos se derrumbaron al tener enfrente los féretros cerrados y escuchando las palabras del sacerdote; faltaba menos… les estaban dando la última despedida.

A algunos de sus familiares y amigos el dolor les hizo reclamarles, y el reclamo era por irse tan jóvenes y cuando tenían toda la vida por delante.

Su padre, Ramón Sánchez, fue un ejemplo de entereza, aguantó lo más que pudo hasta que en el panteón se permitió llorar conmovedoramente; era el llanto de un hombre despidiendo a sus hijos.

Un nudo en la garganta y sollozos se dejaban escuchar entre quienes apenas conocieron a los deportistas fallecidos.

Pero sus padres estaban despidiendo a sus seres más amados, esos dos que de pequeños nalguearon por portarse mal… por algo les decían los Tornados.

Sus cuerpos descansarán en el panteón El Crucero, donde las lágrimas regaron el polvo .

Ese llanto conmovedor y auténtico de sus padres crecía cada vez que el conjunto norteño  cantaba “Amor Eterno” y “Te vas Angel Mío”.

Su gente los despidió con aplausos, como cuando peleaban y nos daban un motivo para estar felices.

Los despidieron con “El Muchacho Alegre”, que era un tema que a ellos les gustaba cuando había fiesta.

Al final del día, el cementerio “El Crucero” seguirá siendo testigo del rodar de los chamizos, pero se vistió de gala para recibir a sus dos nuevos inquilinos.

El sábado se les tendió una alfombra roja directo a la eternidad, donde no existe el miedo ni la adversidad.

Descansen en Paz.

 

 



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