Por Carlos ROMERO
Escribo esta columna con casi lo último que me queda de energía corporal, después de un día muy agitado y que convirtió al poblado Miguel Alemán en el epicentro de la política social, por una decisión del gobernador Alfonso Durazo Montaño, no sin antes una gestión de la Jefa de la Oficina del Ejecutivo Estatal, Paulina Ocaña Encinas, para llevar todos los servicios del Gobierno Estatal, a la costa de Hermosillo.
Primero que todo le reitero lo que le he dicho antes, Paulina Ocaña es una joven funcionaria capaz, ejecutiva y llena de vitalidad.
Yo no había visto su lado más sensible y humano, hasta hoy.
Primero participó en un evento de mejora oftalmológica llamado «Mirada Clara», coordinado por la Secretaría del Bienestar, de Fernando Rojo De la Vega. Un programa loable, sin duda, porque se ayuda a gente en condición vulnerable que requiere un par de anteojos, o hasta una cirugía para corregir sus enfermedades visuales.
Pero después vino y me disculpan por clasificarle así, un «plato Fuerte».
Llegó la joven funcionaria, sin prensa y con apenas un pequeño equipo de respaldo de comunicación al desayunador infantil de Ancelmo Ayala Corral. Y es que desde hace unas semanas se estaban poniendo de acuerdo ambos para sacar adelante necesidades de la gente más vulnerable del poblado Miguel Alemán, y donde la población no tenía ni siquiera un documento tan básico como un acta de nacimiento.
Bien, pues al saber de la grave problemática social que viven miles de personas en la costa de Hermosillo, Ocaña Encinas coordinó una brigada para dar atención a la comunidad más amolada, entre la más amolada, que es precisamente la que desayuna y come de manera gratuita todos los días en el desayunador de Ancelmo.
Cuando Paulina Ocaña llegó desayunador, pudo percibir una vibra diferente.
Es un lugar lleno de mística y de un sentimiento único que hace latir muy fuerte el corazón.
Ayer eran menos, pero eventualmente el desayunador de Ancelmo Ayala da desayuno y comida a 600 niñas y niños que no tienen una madre o padre responsable de ellos, y que han encontrado en ese lugar, el hogar que les faltaba para sentirse amados.
Este reportero no sabía ni ella tampoco, que Ocaña Encinas iba a ser invitada a la tarea más importante de su día: servirle a los niños del desayunador su plato con pollo, arroz, frijol y tortillas de maíz.
Olía delicioso.
Un platillo Balanceado con proteína, granos, carbohidratos, y el ingrediente secreto: el cariño de las cocineras que laboran día con día cerca de Ancelmo, y a donde por primera vez, llegaba una jefa de Oficina del Ejecutivo, con la misión de conocer la sentida Problemática del poblado Miguel Alemán y la tarea de servirles a los niños que ya esperaban con ansias y con hambre.
Estoy seguro de que fue un día distinto y único para Paulina Ocaña, pues a pesar de que ya había estado sirviendo desde adolescente a personas necesitadas en la costa de Hermosillo, ser la jefa de Oficina del Ejecutivo estatal te da otra panorámica y te pone en una posición de ayudar a la mayoría.
Y si además tienes la sensibilidad y el propósito de ayudar, estar en la política y en el gobierno, te abre las puertas.
Fue un día muy bueno para la costa de Hermosillo. Vendrán días mejores para quienes viven cerca del comedor de Ancelmo y que de alguna manera se ven beneficiados con sus acciones y buenos oficios.
Gracias por leer estos párrafos, soy Carlos Romero.





Debe estar conectado para enviar un comentario.