Por Carlos ROMERO
ALGO RARO PAERECE ESTAR PASANDO en algunas decisiones que se están tomando desde el Palacio Municipal de Hermosillo. Envían cuarto para las doce un documento extraño al Congreso del Estado, a manera de Ley de Ingresos, y que la mayoría morenista no desaprovechó para batear políticamente (cualquiera en su lugar lo hubiera hecho). Luego, la misma semana se publica a nivel nacional que familiares (aunque indirectos) del alcalde Antonio Astiazarán pudieron haber vendido los camiones para el programa «H Bus», que tiene un presupuesto cercano a los 100 millones de pesos.
Días después el municipio empezó a recibir cuestionamientos por la obra del Paso a Desnivel que se construirá en los bulevares Colosio y Solidaridad y muchas de esas críticas provienen de personas de la sociedad civil que usan como principal vía de transporte la bicicleta o el camión.
Las obras de este último inician el 2 de enero.
A manera de explicación, el Ayuntamiento a tenido que detallar que el paso a desnivel tendrá una gran arborización y espacios para el tránsito de los ciclistas.
Pero queda la sensación de que la política no está siendo suficiente en ninguno de los tres frentes que le mencioné.
Algunas de las respuestas a la crítica, venga de quien provenga, son con intentos de represión y golpeteo de funcionarios menores (y algunos mayores) del Gobierno Municipal, ya sea en redes sociales o «en corto» tratando de defender la falta de oficio político de algunos de quienes acompañan al Presidente Municipal.
El personalmente parece abierto y receptivo a las diferentes formas de pensar. Parece estar en posición de escuchar y de retractarse cuando sea necesario. Eso es inteligente.
Lo que es muy necio es que algunos de quienes le acompañan en el gobierno Municipal, tratan de justificar las críticas diciendo: Le tiran al Toño porque le tienen miedo, le tienen pavor. No he escuchado frase más tonta y limitada que esa en el último año.
No veo, sinceramente a ningún funcionario estatal o federal tomando decisiones por miedo al Toño, ni mucho menos. Pero si quien lo dice, se lo quiere creer, allá ellos.
Para el 2027 si bien es cierto falta bastante, los más apurados parecen ser los oficiosos que sin recibir una orden defienden cada decisión del presidente Municipal. Reitero que no me parece que ningún político de cierto nivel le pueda tener miedo al alcalde, porque simplemente entre la agenda estatal o federal, no es tema.
A lo que sí se le debería de tener miedo, es a la falta de oficio para afrontar las críticas o vaya, la petición de claridad de algunas decisiones que se han tomado, y donde abiertamente podrían darse explicaciones por parte del Municipio, como el tema del H Bus, o el «error involuntario» en la Ley de Ingresos, del que nadie del Gobierno Municipal ha hablado, como sí lo han hecho sobre el crédito de 220 millones de pesos que el Congreso del Estado no quiso aprobar.
A lo que sí se le bebería de tener miedo es a la opinión pública hablando de la falta de agua en las colonias, de la inseguridad pública y los hechos violentos en la ciudad, de las opiniones contrarias al paso a desnivel.
Ya cuando uno contesta que lo critican porque le tienen miedo, en lugar de escudriñar las verdaderas razones, habla de necedad y no de sabiduría.
Quizá habría que hacer una introspección. Por qué en el periodo anterior de Antonio Astiazarán no se presentaron esas situaciones, si sólo algunos funcionarios cambiaron ?
El alcalde es un político experto… pero quienes lo rodean, le dan el ancho? He ahí la cuestión.
Gracias por leer estos párrafos. Soy Carlos Romero, reportero con 34 años de oficio.




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