Flora: la princesa que ara el campo con sus manos

Por Carlos ROMERO

Los usos y costumbres de la etnia triqui pudieron obligar a Flora a casarse a los 13 años de edad, con alguien que probablemente no conocía; y que casi un hecho era un hombre mayor que ella; estaba destinada y a vivir en el mismo entorno en el que su madre se desarrolló, pero una decisión radical cambió su rumbo.

Al parecer, Taurino, su padre, no estaba de acuerdo con que Flora se festejara como princesa ese día; pero Severiana, su madre, prácticamente se rebeló ante ello y aceptó el apoyo de personas que las aprecian.

Desde hace más de 1 año, Flora tuvo que emplearse en el campo para ayudar económicamente a su familia.

Ella nunca ha ido a la escuela, ha dormido en el piso de tierra de su casa de adobe toda su corta vida.

Me platicó que sabe escribir y leer algunas palabras porque su papá le enseñó.

Este fin de semana cumplió 15 años; es una niña muy seria y de pocas palabras; quizá las circunstancias la obligan a callar, pero su sonrisa dice que aún hay esperanza de que su vida sea mejor de lo que fue la de su madre; Severiana me platicó que fue «comprada» en la adolescencia y a los 14 años dio a luz a Flora.

Según versiones y diversa bibliografia, los usos y costumbres de la etnia triqui contempla una transacción económica a cambio de las mujeres que están entre los 13 y los 14 años.

Esa práctica, aunque en nuestra sociedad parecería aberrante, en algunas zonas de Oaxaca no es discutible; incluso para muchos de quienes emigran de esa entidad para otros estados, se acepta y se venera como una tradición ancestral.

La explicación es que no se trata en sí de una venta como tal, sino de un acuerdo entre el padre de la joven y el pretendiente. Antes lo tradicional era intercambiar animales, puercos, costales de maíz y cosas así, como parte de una «dote», y ello era para que el pretendiente demostrara que sí tenía recursos para sostener a la joven y a su futura familia.

Flora nació en Sonora, en el poblado Miguel Alemán, su casa está en una zona que antes fue invasión pero hoy está sumamente poblada y urbanizada. Junto a la suya, que aún tiene techo de lámina y colchas como cortinas en lugar de puertas, hay casas construidas «de material», algunas otras de láminas de cartón negro, pero todas visiblemente en mejores condiciones que la de Flora y su familia.

Ella nunca imaginó celebrar sus XV con una fiesta y menos que fuese ataviada con un lindo vestido de princesa, unas zapatillas nuevas, música en vivo, comida, y una misa ofrecida en la iglesia Santiago Arcángel.

Hasta en eso, Flora hizo historia. Es la primera quinceañera que se conmemora en esa parroquia, después de que su benefactor Anselmo Ayala Corral, la entregó a los párrocos de la localidad.

En su misa, era evidente el nerviosismo de Flora ante un acontecimiento como ése. Pero estaba enfrente de su primer gran evento.

Flora nunca se había puesto un vestido; su vestimenta habitual es pantalón de mezclilla y camisa de manga larga, para trabajar junto a su madre en el campo Tepeyac, deshierbando la tierra para sembrar sandía.

Apegados a los cánones actuales en la sociedad, ella no debería trabajar; debería estar en la escuela estudiando y preparándose, pero su destino es distinto al de tantas niñas secundarianas que sueñan con su fiesta de Quinceaños.

Una vecina y compañera de Severiana, de nombre María del Rosario, quiso ayudarle a conseguir un vestido para que la fecha de su cumpleaños no pasara inadvertida.

Cuando pedimos el vestido rentado o prestado para Flor, mediante el sitio Facebook de El Patrullero, 28 personas quisieron donarle uno.

Al conocer el caso de Flora y la pobreza en que su familia ha vivido inmersa, la sociedad se volcó en una avalancha de apoyos.

Unos quisieron donarle el arreglo personal, 2 maquillistas, 2 peinadoras, 3 manicuristas; también hubo cena y baile.

Gente que no conocía a Flora y nunca la había visto, quiso cooperar para su quinceañera; platos y vasos desechables, la mesa principal decorada magestuosamente; un pastel de ensueño, y la música de 3 grupos para bailar, todo le fue regalado a Flora para que su Quince fuera un recuerdo inolvidable.

Un fotógrafo profesional de gran prestigio en la costa quiso perpetuar con su lente todos los bellos momentos que vivió Flora este domingo 1 de marzo.

Se le hizo una sesión fotográfica en el campo La Esperanza, ubicado por la calle 12 Norte; a la orilla de un lindo represo, con unas altas palmeras enmarcando las fotografías y el video.

Fue un día memorable para Flora, quien a sus 15 años tiene todo lo que la vida le ofrece y no tienen nada porque todo se le ha negado.

Tras ese día que ella vivió como una princesa, no tendrá más que volver a su vida sin derechos y solo con deberes.

Pero el caso de Flora fue un ejemplo para cientos de jovencitas que nunca pensaron en tener una fiesta de quinceaños y ahora todas creen que sí pueden vivir ese día como en un paraíso.

Solo que no todas tienen que trabajar para ayudar en casa; y no todas estuvieron como ella a punto de embarcarse en una unión marital a los 13.

Flora seguirá deshierbando el campo, pero no habrá circunstancia, momento o problema, que le quite la felicidad de haber sido princesa por un día.

La misa. Una experiencia totalmente nueva y emocionante para ella.
La cena preparándose en su casa.
Las manos de flora, con sus uñas de princesa.
Su sesión fotográfica.