Esperan justicia para Maritza en el poblado

Maritza Olguín tenía la vida por delante. Tenía planes, proyectos que con emoción forjaba, sin esperar que un día la mano asesina terminara con su existencia. Es cierto que nadie sabe el día en que va a morir, pero ella encontraba motivos para vivir día con día. A pesar de que vivía en el Poblado Miguel Alemán, sus hijos estaban fuera; dos varones viven en la Unión Americana y su hija mujer vive en Hermosillo. No queremos ni podemos pensar lo que sintieron cuando recibieron la noticia de que su madre había sido asesinada. Las autoridades están haciendo las investigaciones del caso, pero deben estar siguiendo una línea clara que es la de la confesión del homicidio por parte de su esposo, quien se entregó el pasado martes a las autoridades municipales y éstas a su vez lo pusieron de inmediato en manos de la autoridad estatal. La FGJE abrió la investigación por la muerte de la infortunada mujer, que según nos platican sus propios familiares, era una amorosa madre, hija entregada, amiga incondicional. Esta no es una nota sobre su muerte, la cual ya hemos relatado en diversas ocasiones. Es una nota sobre su vida, la cual ella festejaba cada vez que tenía la oportunidad. Sus vecinas se expresan muy bien de ella. Su familia exige justicia. Este viernes fue la primera audiencia del juicio contra su pareja sentimental y quien confesó ser el responsable. La vida de Maritza Olguín estaba llena de colores, de sin sabores también como la de muchos. Un amiga suya nos platica que Maritza tenía planes de viajar a Estados Unidos a ver a sus hijos, y eso la hacía feliz. La describen como una mujer alegre y trabajadora, servicial, como amiga era excelente y siempre preocupada por los demás. A los 48 años encontró la muerte; la arrebataron de este mundo así nomás, como arrancar una flor desde la raiz. La violencia contra la mujer en el poblado Miguel Alemán ya es insostenible; a Maritza la violencia la llevó a la muerte. Las autoridades están haciendo una exhaustiva investigación con el fin de que no se escape ningún detalle para que el expediente quede lo más fortalecido posible. Maritza nunca imaginó que el día que entró a su casa, por la calle Vicente Guerrero entre 7 de noviembre y 12 de octubre, ya no saldría jamás. Nunca imaginó que su cuerpo sería hallado en un rincón escondido entre colchas en la orilla de la cama y el ropero. Hoy su casa una escena del crimen. Las grandes carencias de valores nos ha llevado a eso, a que la violencia real supere cualquier película de terror. Martiza fue sepultada el jueves en medio de un gran dolor y un reclamo de justicia, aunque ni millones de años de prisión alcanzan para pagar el dolor de perder a una madre. Descanse en Paz.