Con Guillermo del Toro, yo también me gané un Oscar

Por Carlos ROMERO

Narrativa

Demonios!

El día en que Guillermo Del Toro me contestó un twitt, desde su cuenta personal, desde su teléfono celular, no encontré una biografía completa en Google con la cual nutrir una crónica en ese instante.

El cineasta y escritor tiene un poder magistral para desatar la furia entre una camada de “revolucionarios de sofá”, que creen defenderlo pero sin proponer, sin argumentar, sin debatir. Solo con el ánimo de descalificar.

En fin, leyendo un poco mi timeline de Twitter sentado en una  mesa del restaurante “Los Grillos”, vi un post del hombre de moda en Hollywood, el mexicano más reconocido a nivel mundial.

A las palabras esdrújulas y las agudas, les faltaba el acento; no dudé en responderle al laureado director y guionista, que su ortografía es importante, a pesar de su grandeza como hombre de las artes.

Lo que sí dudé es que me fuera a responder; pero lo inesperado siempre llega para quien lo anhela con fe, el cineasta me respondió segundos después, con sabiduría y elegancia.

Guillermo del Toro Gómez, el tapatío más internacional del año, solo respondió 2 twits ese viernes 9 de marzo, y fueron para este reportero.

Desconozco cómo elige a quién responderle, entre los centenares de miles de personas que le ponen Twits a diario. Pero sí entiendo que a cada acción de un mexicano tan grande, existe una reacción de otro mexicano enemigo del éxito ajeno.

Tengo dos preguntas desde ese día: ¿Qué botón toqué, para que me responda a mi y a los demás no?

Y ¿Desde cuándo los mexicanos tenemos que ser nuestros propios enemigos?

Detrás de una respuesta de Guillermo del Toro aguardaba una andanada de críticas y un huracán de respuestas negativas y vengativas de quienes no entienden nada y creen saberlo todo.

Le dije en Twitter que sus premios Oscar no son solo suyos, sino de todos los mexicanos, porque de alguna manera un triunfo mexicano es de todos. La avidez de historias de éxito, nos lleva al sentido de pertenencia de los triunfadores como él.

Con sus respuestas a un servidor, abrió un portal donde del otro lado, estaba el infierno de los troles; aquellos que hierven en los fuegos eternos de la envidia.

La forma como el maestro Del Toro toma las sugerencias son una muestra de su grandeza y carácter.

Por un instante  me puse a leer varias frases de Guillermo del Toro que a falta de un biógrafo o biógrafa oficial, encontré por ahí desvalagadas en la web.

Y cada palabra del tapatía contiene la esencia de un mexicano exitoso.

La pregunta que no cesaba era: ¿en qué nos estamos convirtiendo, que criticamos en las redes sociales a alguien que hace una sugerencia a un maestro del cine, pero nadie se preocupa por edificarle una biografía seria?

Si lo conocen tan bien y lo defienden tanto, hagan algo, construyan con él, carajo!

Y mientras el gran Guillermo del Toro hacía un paréntesis a su agenda para responder dos twits de un sonorense formado en la enseñanza pública, 99.99% de los twitteros comentaron que los Oscar no son de México, que son solo de él y de su esfuerzo individual.

Veo pues una falta de cultura de juego en equipo.

El intenso trolleo en Twitter tras la respuesta del sensei del cine hacia mi sugerencia, no movió ni un milímetro mi convicción de que a Guillermo del Toro se le pueden decir las cosas de frente y sin miedo.

Porque a él no lo hace grande un Oscar o dos, o más, lo hace grande su talento y su capacidad de recibir una sugerencia con inteligencia y con sentido del humor envidiable.

Eso es lo que no entendieron los cientos de twitteros y twitteras que reaccionaron de manera virulenta al comentario de este reportero.

Verá usted: Analicé algunos de los perfiles de quienes como jauría de se abalanzaron contra este servidor por un comentario simple y sencillo, al cual el director tapatío decidió darle profundidad con solo responderlo.

Muchos de esos perfiles son políticamente activos, partidariamente críticos, revolucionarios de sofá, especímenes en peligro de crecimiento, con una fe ciega en que twitteando cambiarán el mundo, pero sin un ápice de autocrítica.

Piensan que al acudir al Festival Internacional de Cine de Guadalajara, a ver las presentaciones de Del Toro, se les dará la oportunidad de un casting que los haga estrellas de cine ahí mismo.

Y… a diferencia de ellos, yo no aspiro a salir en las películas de Guillermo del Toro.

Son los que al tener en frente a su gran ídolo, se arrebatan entre sí el micrófono y mienten al decir que quieren escuchar a Del Toro, pues lo que realmente quieren es que el cineasta los escuche a ellos.

Tras su hambre de protagonismo parece esconderse una necesidad de atención y quizá hasta un trauma de la infancia, no lo sé.

Nunca imaginaron que Guillermo del Toro, el cineasta condecorado en el mundo, me fuese a contestar por Twitter. Yo tampoco lo imaginé, solo lo deseaba; pero no como ellos, que necesitan una respuesta de su ídolo como un ciego necesita a su bastón.

En 25 años que he trabajado en medios de comunicación, nunca había recibido una respuesta de un ganador del Oscar. Pero el fanatismo mostrado por los asistentes al FIC de Guadalajara hace ver que una respuesta de Del Toro Gómez, es todo lo que necesitan para sentirse vivos.

Están mal, están muy pinche mal.

Las claridad de ideas de Guillermo del Toro y su visión son tan grandes como limitados son los argumentos de quienes lo defienden en las redes sociales.

No concuerda la inteligencia de un señorón como el director tapatío, con la cerrazón de los oficiosos defensores en Twitter.

Hasta actores, ya hechos y derechos, se remangaron la camisa con la intención de pelear con este reportero, por el solo y desinteresado hecho de sugerirle una mejora a la ortografía de Guillermo del Toro.

Algunos me preguntaron: “¿Le corregiste la ortografía a Guillermo del Toro, Wey? No mames!”.

Ese día aguanté, puse el lomo. Porque en realidad, al gallo no le arrancaron ni una pluma.

Quizá no se han dado cuenta de que no podrán cambiar el mundo con solo twittear.

Tampoco se ha dado cuenta que en verdad no siento culpa alguna ni desánimo, al contrario, es algo muy grande que el director me haya contestado.

Lo que sí es una obligación para todos es leer con profundidad la obra de Del Toro, su sencillez para abordar un tema como la relación entre una mujer que no puede hablar, y un humanoide anfibio, donde tristemente el monstruo es un humano.

De Guillermo del Toro, que ha motivado millones de textos, hay que estudiar y aprender su sencillez y diligencia… su sentido del humor.

Hay que aprender que existe un universo alterno donde Del Toro retrata personajes que antes solo vivían en su imaginación. Es alguien de quien se han escrito todas las crónicas  y relatos.

Y si de su imaginación nacen otros mundos con otras especies a las que uno termina amando, cuenta por un millón la respuesta que me dio en Twitter, donde apela a mi imaginación ante las palabras que no tienen acento.

Está clarísimo que a Guillermo del Toro le gusta su idioma, el español mexicano. Conoce su país y lo porta con orgullo.

Espero que si lee este texto, venga a Sonora a conocer la riqueza de nuestro estado y su historia. Sería fantástico ver una película suya sobre nuestras tribus indígenas, como se lo propuse en el Twitt que tan diligentemente respondió.

Guillermo del Toro es un genio con los pies en la tierra y la imaginación en el agua.

*Soy Carlos Romero, reportero con 25 años de trayectoria y buscador incansable de una biografía completa sobre Guillermo Del Toro Gómez.