Chef Palacios: «Cocinando» amor al prójimo

Para iniciar el día, un café colado de pueblo, unas galletas hechas en casa, y mil sueños y  emociones por vivir, al entregar casa por casa en esta olvidad serranía, alimentos y enseres para los ancianos y familias vulnerables.

Hacía un día caluroso para ser el Norte de Sonora, pero nada que impidiera cumplir el objetivo.

Santa Ana, Sonora cuenta con una topografía sumamente compleja, sus calles de terracería y empedradas son quizá el mayor de los retos para quienes como Carmen Palacios  y su equipo, tratan de llevar ayuda a los más amolados en esta pandemia. 

Como sacadas de una película de drama y ficción, las historias de las que la chef Carmen fue testigo quedan plasmada en la memoria por ser tan reales como inverosímiles.

Hombro a hombro, el aquipo conformado por la chef y su mamá Carmen Palacios, así como su hija Jimena Martínez, también Maricruz y Mario Ovalle, Emy Urías, Alexa Urías, Ana Paulina Cristín, Adam Celaya; ese team llevó una a una las bolsas plásticas y cajas de cartón llenas con aceite comestible, harina, pasta para sopa, otros alimentos que urgían en medio de una crisis que se ha prolongado 4 meses y no se ve para cuándo termine. 

A sus 90 y 87 años de edad, dos hermanas que viven solas pero juntas, apenas pueden obtener lo necesario para sobrevivir; sus condiciones: una ciega y la otra sorda, han dejado de ser visibles para la sociedad, pero sus vidas cuentan una historia de abandono y sufrimiento. 

Santa Ana, como muchas comunidades rurales, tiene altos índices de marginalidad y pobreza, pero aunado a ello, la población en riesgo por edad sigue incrementándose día a día. 

En los andares de aquel equipo recorriendo las calles de Santa Ana, se agregaban perros, ciclistas, curiosos que solo querían saber quién enviaba la ayuda y quién la recibiría.

Por ello son tan importantes esfuerzos como el del equipo de la Chef Carmen Palacios, que subió consiguió alimentos y subió cerros para entregarlos en viviendas de difícil acceso. 

Llegar, por ejemplo, hasta la casa de la señora Lupita, viuda y con sus hijos muertos, fue una travesía. 

La mujer tiene una historia de supervivencia que contar, a sus 80 años y con el refrigerador y despensa vacíos, la ayuda de la sociedad es todo lo que se tiene. 

Su casucha apenas se sostiene en con barrotes de madera. 

Hasta esos cerros no ha llegado el apoyo para personas mayores y a las que tanto les debemos. 

Siguen viviendo de la caridad. 

Y así no se vale. 

Muchos de los adultos mayores que esta vez fueron beneficiados con una despensa por parte de este valioso equipo, viven de lo que pueden, compran un poco de café, lo tuestan y lo venden.

Las mujeres y sus encallecidas manos ya no pueden hacer tortillas. Los hombres y sus rostros ajados por el Sol ya no pueden arar la tierra. 

La jornada fue ardua pero satisfactoria para quienes con mucho sacrificio físico llenaron, cargaron y entregaron esas despensas. 

La situación es muy precaria en esas comunidades donde todo lo que se haga, se nota. 

Los alimentos, que no le deberían faltar a nadie y menos a los viejos, son cada vez mas escasos en estas zonas de marginalidad. 

Por fortuna, una parte de la sociedad sabe que todo lo que se comparte, se multiplica; de esa parte es el equipo de la Chef Palacios, quien además de cocinar con el corazón, destapó en la sociedad una parte que se creía pedida: la de la solidaridad y el respeto por el bienestar de los demás.