Columna Viento a Favor. “La muerte del Río Sonora II”

Por Carlos ROMERO

Hace un tiempo, más de dos años, seguramente, este reportero escribió una columna de opinión en la página 2 del Diario del Yaqui, que se titulaba “La Muerte del Río Sonora”; era el concentrado de información acumulada a lo largo de varios años de explorar el mercado editorial en los pueblos del Río Sonora, y también era el resultado de muchas pláticas aderezadas con café de talega y coyotas, con pobladores de esas comunidades.

Se relataba cómo desde las 4 de la mañana, antes que cualquier gallo cantara, los más viejos de los pueblos ya estaban tostando café y moliendo en una “tahima” la carne machaca para preparar con huevos en el desayuno.

La vida campirana arropa a los 11 pueblos del Río Sonora, muchos de ellos tienen más de 500 años de fundación, desde que el Padre Francisco Eusebio Kino los recorrió y ayudó a los ópatas, sus pobladores originales, en su dinámica económica y social; muchos dicen que los culturizó, pero la cultura que ya tenían desde antes era y es basta y rica.

El artículo relataba pues, el gran daño que sufrió el Río y no solo el Río, todo y en todos los aspectos, los pueblos, los animales, los viejos, los jóvenes, los hogares, los árboles.

Miles de sonorenses que vivían de ahí, que comían de ahí, que dormían tranquilos solo pensando en sus vacas preñadas, en sus campos sembrados, en sus casas de adobe y en la misa del domingo.

Lo paradójico es que los pueblos del Río Sonora son tan religiosos como muy pocos, y en las misas se pedía por la salud del Río, que era su fuente de vida.

Más de 500 años de cultura e historia quedarán en segundo plano en los libros de texto, tras el derrame de ácido sulfúrico que tuvo origen en la mina Buena Vista del Cobre, propiedad de Grupo México, y que contaminó las aguas y el lecho del Río Sonora.

Todos o casi todos los habitantes vivían de comerciar los productos agrícolas y ganaderos que les proveía el Río; la gente de Ures, Mazocahui, Baviácora, Huépac, Aconchi, El Ranchito, San Felipe de Jesús, Banámichi, Bacoachi, Bacanuchi y hasta Arizpe, tuvieron que cambiar su manera de vivir, en una medida u otra, tras el derrame tóxico que ya cumplió 3 años.

La extinción del mentado Fideicomiso Río Sonora, no  fue paralela al resarcimiento de los daños causados a la población del Río Sonora y a los habitantes de Hermosillo que reciben agua de ahí, vía la presa “El Molinito”.

A casi 1,100 días de distancia de aquel derrame, las plantas potabilizadoras no han sido instaladas en los municipios, pobladores siguen reportando escoriaciones en la piel, los animales siguen muriendo sin causa aparente y la gente sigue padeciendo las repercusiones económicas de haber perdido la buena reputación como productores sanos de hortalizas, nuez, chile y carne.

Ninguna autoridad seria ha diagnosticado la limpieza del Río Sonora; la única autoridad, y no muy seria, que se manifestó fue la SEMARNAT, que en días pasados anunció la extinción del Fideicomiso Río Sonora.

Esto quiere decir, que ya no hay dinero, de aquellos 2 mil millones de pesos.

Los alcances de esta decisión aún están por verse, pero hay un temor que es muy natural, entre la población y las autoridades locales, de que Grupo México hubiere quedado ya deslindado de todo daño a la ecología y la ciudadanía.

Pero es el Gobierno Federal, el que hace dos días anunció la extinción del Fideicomiso, al cual según cálculos muy serios, todavía le quedaban 700 millones y pico de pesos, que nadie sabe si se usaron y en qué. Bueno… ellos sí han de saber, pero quien tiene que saber es la ciudadanía afectada aún a estas alturas, gente a la que le siguen saliendo ronchas, “granitos”, “raspones”, y todo tipo de lesiones que nadie sabe qué origen tienen y en muchos casos tampoco saben cómo curarlas.

El problema es que según ha dicho el delegado de la Secretaría de Gobernación en Sonora, el proyecto de la clínica para atender a esa gente no se construirá.

Wenceslao Cota Montoya quien, de no saber de política no habría sido alcalde, legislador y secretario de Gobierno, también ha lamentado la extinción del Fideicomiso anunciada el sábado que se cumplieron 3 años del derrame.

Luego, en una especie de “Te lo digo Juan, para que lo oigas Pedro”, el PRI de Sonora se lanza con toda su artillería contra “Grupo México”, contra su dueño, Germán Larrea y le da un llegue a la SEMARNAT, al “hacerle un exhorto” para que exija a la empresa el resarcimiento total y absoluto de los daños en el Río Sonora.

Y si el PRI, el partido en el gobierno, reclama a Grupo México omisiones y otras cosas, debe haber una posición parecida desde el Palacio de Gobierno. No se entendería que fuera de otra manera.

Para ilustrar y complementar, este reportero pone a su disposición la carta enviada a los medios por el Comité Directivo Estatal del PRI, donde como le decía, sostienen una posición dura y crítica.

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Casi al mismo tiempo, los diputados del PRI lanzaron la misma crítica, pero matizada, hacia la empresa y hacia el gobierno Federal que para decirlo como es, dejó ir la preciosa oportunidad de exigir si no es que de hacer justicia.

Sin embargo las posiciones en torno al Río Sonora no son nuevas. Grupos de académicos expertos en temas ambientales han dicho que el problema no está solucionado.

No se les dio la voz necesaria porque había la leve esperanza de que estuvieran equivocados.

Pero aquí es tan importante que el problema no esté resuelto como que ya se le de “carpetazo” al asunto.

Son muchos los actores involucrados que, de seguir actuando por separado no conseguirán mucho.

Las circunstancias sociales y económicas para la gente del Río Sonora han cambiado; su modus vivendi dio un giro de 180 grados porque ya no pueden vender su chiltepín en el mercado extranjero.

La nuez de Baviácora ha perdido mercado.

Bajó sensiblemente el turismo en los hoteles de Banámichi y su población dependía de esas divisas.

Los más viejos ya no se pueden ni quieren emigrar a Hermosillo, o a Estados Unidos, donde también tienen familia.

Pero a los adultos no les faltan ganas de irse con sus hijos ya sea a la capital o a la frontera.

El 7 de agosto del 2014 les cambió la vida.

Cuando el Padre Kino recorrió estos pueblos a caballo, quizá nunca se imaginó que en 500 años no crecerían ni demográfica ni económicamente, ni que habría una empresa que cambiaría el modo de producción con el que obtendrían ganancias inimaginables, y quizá tampoco se  imaginó que ese río sería testigo de un daño tan grande.

—- AYER Y USTED QUIZÁ YA LO SABE, SALIÓ EN LIBERTAD GUILLERMO PADRÉS DAGNINO, HIJO DEL EX GOBERNADOR DE SONORA, QUIEN SIGUE PRESO.

La actuación de la PGR, que se desistió de las acusaciones en contra del hijo del ex mandatario, será comentada en muchos espacios editoriales.

Ayer se revolvieron las redes sociales en torno al tema de una conversación que tuvo el fiscal Anticorrupción de Sonora, Odracir Espinoza sobre ese tema, y donde ni siquiera se trató de una declaración, a una opinión que no estuvo basada en la exploración documental, sino que fue una opinión informal en plática con algunos periodistas.

Si nos enfocamos más, entenderemos que la Fiscalía Anticorrupción no es la autoridad actuante en este caso del ex gobernador, sino la PGR.

Ayer uno de los abogados más connotados de México y quien conoce a fondo el tema del ex gobernador, que es Diego Fernández de Ceballos lo dejó claro que no tiene manera de comprobar si tanto el padre como el hijo tuvieron la misma participación en los ilícitos de los que se les acusó.

Pero a la vez, Fernández de Ceballos lanzó una crítica durísima contra la PGR por la detención  del hijo del ex mandatario.

En pocas palabras, lo que Odracir Espinoza dijo o no dijo, en el marco que sea, como comentario o declaración, no es lo que definiría el rumbo de la investigación, sino lo que la PGR haga y los resultados que obtenga.

Que por lo demás, la actuación de la PGR no es en este caso ni en ninguna, digna de ponerla de ejemplo, simplemente porque siempre han quedado a deber ante la percepción social.

La opinión pública ayer hizo jirones la ya maltrecha reputación de la Procuraduría General de la República.

Baste decir que hace un año y medio, tuvo que ser la propia gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano quien públicamente exigiera mayor celeridad en las investigaciones de la PGR sobre el ex mandatario, reclamos que dieron como resultado el desgaste de la imagen pública, aunque lo nieguen, de la entonces titular de la PGR, Arely Gómez.

El saldo de la PGR con los sonorenses está en números rojos. Los reclamos de nuestra gente no son gratuitos, fueron años en que la entidad cayó en una ruina sin precedente de la que apenas se está recuperando y que no puede ni debe quedar impune.

Gracias por leer estos párrafos.

*Soy Carlos Romero, reportero con 25 años de trayectoria y director de El Patrullero.



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